10 abr 2016

Reto 6: Escribe un relato en el cual el personaje principal sea alguien que conozcas hoy

El otro día conocí a la delegada de Médicos Sin Fronteras y me hizo recordar esta historia que escribí hace unos años.
                                                      ***
  Me duele todo el cuerpo. Hace un rato que dejé de sentir el hormigueo de las piernas para dejar de sentirlas directamente. El asiento delantero está tan pegado a mí que no me he podido mover en todo el trayecto.
  La azafata acaba de anunciar que vamos a aterrizar y mis ganas de levantarme al baño para estirar las piernas se esfuman. Después de más de veinte horas de viaje con dos escalas, lo único que quiero es pisar tierra firme. La lucecita que permite desabrocharse el cinturón se enciende y espero impaciente a que el resto de pasajeros recoja sus cosas y baje. Me pongo en pie intentando mantener el equilibrio y saco del compartimento de arriba, no sin dificultad, el enorme macuto marrón que me acompañará en mi nueva vida.

La fuerte luz naranja de la tarde y el calor me invaden nada más bajar del avión. El aeropuerto es pequeño  y está lleno de coloridas flores. A lo lejos puedo ver el Kilimanjaro perdiéndose entre las nubes. No llevo más equipaje,  así que voy directamente hacia la puerta de llegadas.
Hay un grupo de gente esperando con carteles y en uno de ellos veo escrito con mayúsculas mi nombre: N-O-R-A.  Lo sostiene un hombre de pelo muy canoso, supongo que miembro de la ONG, con pantalones largos color caqui con muchos bolsillos y camiseta de manga corta. Me acerco a él y me presento con la mejor de mis sonrisas:
-Hola, soy Nora. –le digo mientras le tiendo la mano enérgicamente.
-Claudio –dice en tono seco, estrechándome la mano con rapidez.-Bienvenida a Tanzania. ¿Vamos? No hay tiempo que perder.

  Un "¿Qué tal el viaje?",por educación, no habría estado nada mal. Parece una de esas personas que tienen un límite de palabras para decir en toda su vida. Voy dos pasos por detrás de él, pero me distraigo con una enorme placa que pone: “El Kilimanjaro airport es la puerta de entrada a la vida salvaje de África”.  Cuando me vuelvo, va casi cinco metros por delante de mí, así que acelero el paso todo lo que el peso del macuto me permite.

  Llegamos a una camioneta blanca salpicada de polvo rojizo y barro, me pide que deje el macuto en la parte de atrás y nos montamos en ella. Pasamos largo rato sin hablar mientras contemplo el paisaje por la ventanilla. A ambos lados de la carretera hay árboles de prolongadas ramas, y la tierra oscura contrasta con el azul tan claro del cielo. Empiezo a ver casas muy bien construidas de diferentes colores, más coches…
-No me lo imaginaba así –digo de repente rompiendo el silencio. –No parece que estemos en África.
-¿A qué te refieres? – responde mirando fijamente a la carretera.
-No quiero parecer superficial pero creía que lo único que vería serían chabolas, hambre y miseria. Pero esto es…completamente distinto. Perdona, estoy un poco confusa.
-Eso es lo que más impacta la primera vez que llegas a Moshi. Hay luz y agua corriente; el lema del país es “libertad y unión”, pero sin embargo sus niños no van al colegio, ni tienen buenos servicios de salud, entre otras muchas cosas. Es como un bombón. Esto que ves es el envoltorio, bonito, brillante pero superficial. Nosotros tenemos el refugio a las afueras y te puedo asegurar que sí, tenemos buenas condiciones e infraestructuras, pero también te aseguro que vas a probar el sabor del bombón tal y como esperas que sepa: al más amargo chocolate. A África pura y dura.
-“Es la puerta de entrada a la vida salvaje de África” –cito al recordar la placa del aeropuerto. Y esa primera impresión de hombre serio y seco, que me había dado en un primer momento, desaparece por completo al ver que me sonríe.
-Exacto. Estamos llegando- dice tras una breve pausa-. Llevas el pelo muy largo, yo que tú me lo recogería si no quieres acabar con bichos el primer día.


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